Lo primero que aprende un niño en Sehji es que la
magia lo es todo.
La magia es el enorme poder que forma todas las cosas.
Existe en todo y en todos, y es la energía que da forma al mundo, tan grande
que solo los dioses pueden controlarla. Algunos humanos tienen la capacidad de
desviar un poco de esta enorme energía para usarla a su antojo. Es como si
alguien desviara una pequeña parte del agua de un río a un canal para regar sus
campos. Para Sehji, los hechiceros, aquellos capaces de controlar siguiera una
pequeña porción de ese inmenso poder, eran superiores a los demás, y estaban
hechos para gobernar a los humanos más desafortunados, aquellos que no poseían
dicha habilidad. Su fuerza y su sabiduría habían de guiarles a un mañana mejor.
Así, desde la más tierna infancia, los mayores se aseguran de inculcar a los niños un terrible respeto y temor por los magos, y por el sistema que gobiernan.
La magia lo es todo.
Su padre no es un gran mago. En realidad, es un mago
pésimo, con una paciencia escasa y un genio explosivo como los hechizos de
fuego que usa. Pero es un mago, y eso le da acceso a un puesto de trabajo
dependiente del estado. Por supuesto, eso es algo que todavía no ha entrado en
la mente de Dashir. Tiene cinco años, y solo sabe que tienen dinero para vivir
en una buena casa y comer comida todos los días. Y que si es así es porque su
padre es mago.
Dashir está aprendiendo magia. No lo hace por gusto,
aunque piensa que si aprende magia podrá vivir en una casa bonita y comer todos
los días. Sin embargo, es su padre, su poco paciente padre, el que le obliga a
aprender los rudimentos de su profesión. Es más que severo: cualquier mínima
falta o distracción se castiga con una paliza en toda regla. Aunque Dashir es
un alumno aventajado, raro es el día que se libra de los golpes de su padre.
Contiene las lágrimas y sigue adelante.
A veces, su padre parece volverse loco. Esas veces,
cuando pierde la razón y solo golpea, golpea y golpea, Dashir piensa que le va
a matar. Pero todas esas veces, su madre acude a su rescate. La mayoría, acaba
siendo ella la víctima de la furia rabiosa de su padre. Dashir puede cerrar los
ojos y ver todas y cada una de las cicatrices y quemaduras que recorren la piel
de esa mujer de cabellos oscuros y mirada perdida. Es una imagen que le
acompañará en su juventud y madurez. Tal vez nunca pueda borrarla de su mente
A los cinco años, Dashir solo piensa en hacerse mayor.
Y cuando sea un mago, se llevará a su madre a una casa bonita donde tendrán de
comer todos los días, y donde nadie les golpeará.
La magia lo es todo.
Lo primero que aprende un estudiante de magia de Sehji
es que el rango lo es todo.
El rango es un símbolo de capacidad, y al mismo tiempo
de nobleza. Es lo alto que ha avanzado uno en la escala. Entre los alumnos de un
maestro, alcanzar un mayor rango significa una serie de ventajas sobre sus
compañeros. Aprenden pronto que esto es un reflejo de lo que les ocurrirá
fuera. Su uso de la magia les garantiza una posición social, un trabajo
público, una vida acomodada… y cuanto más alto esté su límite, más lejos podrán
llegar. La vida de un estudiante de magia se convierte en una continua lucha,
una batalla constante que se prolongará durante el resto de sus vidas.
El número de estudiantes de magia que mueren antes de
acabar su formación es bastante alto. A los descuidos propios de los jóvenes se
les unen la arrogancia y la sed de poder. La arrogancia les hace pensar que son
capaces de controlar más poder del que realmente pueden, lo que les lleva a
desencadenar su propia destrucción. La sed de poder lleva a muchos a acabar con
la vida de sus compañeros para alcanzar una mayor posición en la escala. Los
que sobreviven a los años de estudio suelen tener un nivel muy bajo, o están
paranoicos por completo.
Sin embargo, es precisamente esta capacidad de
supervivencia, y no otra cosa, lo que les permite enfrentarse al sistema
político de su país.
El rango lo es todo.
A sus doce años, Dashir se ha visto libre de la figura
monstruosa de su padre, solo para encontrarse con que no es el único monstruo
con aspecto humano. Es el más joven pupilo del mejor de los maestros de la
Academia Arcana, y el de menor rango. Su primer año consiste en realizar tareas
para los demás alumnos durante el tiempo en que no tiene clase. Es invisible
para sus compañeros salvo cuando estos tienen una tarea para él. Por eso ve, y
aprende algo más que la magia.
Aprende a sobrevivir.
Su capacidad es altísima. Todos los hechizos, la
teoría y la práctica, todo le resulta sencillo. No debe luchar como el resto de
alumnos, incluso los que ya se encuentran en su último año de estudios, para
conseguir algo. El maestro lo mira con una sonrisa enigmática y susurra “besado
por la magia” cuando nadie salvo él le escucha. Dashir parece entenderlo:
piensa en los relatos de los Archimagos, y se da cuenta de que él posee esa
capacidad para alcanzar lo más alto en la escala de poder. Si quisiera, podría
superar en rango a todos los que son mayores que él, a todos los alumnos de la
Academia.
Pero Dashir es listo. Y frente a los demás maestros solo muestra una cantidad
ínfima de su habilidad. Es uno entre un millar, que escala rangos con lentitud,
y que no llegará a nada más que un simple funcionario, o eso piensan. Es lo que
Dashir desea que piensen.
Cuando cumple los quince, siete de sus compañeros han
muerto. Uno sufrió un accidente en clase, y Dashir aprende su lección sobre ser
cuidadoso con la energía canalizada. Dos murieron al conjurar un espíritu
maligno, y Dashir aprende que no se debe hacer nada más allá de sus posibilidades.
Cuatro mueren asesinados por sus propios compañeros, y Dashir aprende que
destacar es el camino más rápido para morir. Por eso, Dashir hace todo lo
posible por no destacar.
Su maestro solo le muestra una sonrisa misteriosa.
El rango lo es todo.
Lo primero que aprende un mago recién graduado en
Sehji es que los contactos lo son todo.
Da igual la graduación, da igual el rango, si uno
quiere mantener una vida de verdadero privilegiado en la dura escala del poder
en la que están incluidos todos los magos de Sehji, tiene que saber elegir bien
a sus aliados. No es una habilidad sencilla, pero sus beneficios son sin duda
increíbles. Por supuesto, un mago del montón jamás podrá alcanzar un título de
Archimago, pero con las amistades adecuadas y mucho cuidado, puede
perfectamente vivir en el mismo lujo que uno de los gobernantes de Sehji.
Es un juego delicado, el de formar parte de la
estructura política del país. Puede parecer una vida segura, pero incluso para
el más bajo de los funcionarios, incluso para el mago con menos talento, esta
vida entraña sus riesgos. Saber por qué círculos moverse puede convertir un
insignificante puesto en uno de los mejores trabajos del mundo. También uno de
los más codiciados, por supuesto, pero un mago debe saberse guardar las espaldas,
incluso de las amistades. A fin de cuentas, no hay nada más peligroso para un
mago que otro mago.
La habilidad de hacer buenas amistades, y de no
confiar demasiado en dichas amistades, es una de las más preciadas entre los
magos de Sehji.
Los contactos lo son todo.
El plan es meticuloso, brillante, y la parte más
sencilla es la de salvar a su madre. Está a punto de hacer el examen que
indicará la posición que se le otorgará en el entramado político de Sehji. Su
maestro le ha dicho que ese es el examen en el que no debe esconderse, en el
que debe mostrar todo lo que es, porque una vez hecho se librará de la
peligrosa red de la Academia, y en la otra, en la red política, no debe
esconderse, porque entonces realmente estará arriesgándose demasiado. Pero
Dashir está tranquilo y sabe lo que debe hacer.
Su maestro le ha enseñado cosas de lo que hay fuera.
Le ha enseñado más que simple magia. Y Dashir ha aprendido que los que menos
debe fiarse es de sus compañeros. Sabe que algunos de ellos le deben favores, y
sabe cómo y cuándo debe usarlos, pero es algo que prefiere no usar. La
fiabilidad de estas personas es poca, incluso aunque ellos se hagan llamar
“amigos” suyos. También conoce a gente de fuera, a aquellos que no son magos, y
es ahí donde piensa que tiene una oportunidad para destacar. Aunque no le
confunden las palabras bonitas, ha encontrado gente con ambiciones sencillas,
visibles, honestas, que permiten un cierto entendimiento. Dashir conoce a
algunos de estos, y conoce sus habilidades, y confía en que una colaboración es
rentable para ambas partes. Puede que no suene como amistad, pero Dashir sabe
que es lo único que de verdad podrá llamarse así dentro de ese sistema
fraticida.
Tal vez porque el plan es brillante, porque está hecho
desde una mente lógica, está destinado a fallar.
Al principio, todo parece ir bien, y Dashir muestra
todas sus capacidades en el examen, asombrando a todos los maestros menos al
suyo, que simplemente sonríe. Todo son palabras de admiración después, y
prácticamente prometen a Dashir uno de los puestos más altos, uno que como
mínimo le garantizará un avance a Maestro de la Academia… Si es que no llega
más lejos. La palabra “Archimago” parece sonar, silenciosa, en todas las voces.
Pero cuando alcanza su hogar con esta promesa de una vida próspera y lejana
para su madre, encuentra que no puede cumplirla, ya antes de hacerla.
El hombrecillo joven que le recibe en la que una vez
fuera su casa se retuerce las manos cuando habla. Es un mago realmente pésimo,
no muy distinto de cómo fuera su padre, pero tiene un carácter tímido, ratonil
casi. Dashir podría destruirlo de mil y un formas, y ambos lo saben. Por eso el
hombre, nervioso, habla de inmediato.
El Archimago había fijado su residencia no muy lejos
de allí. Era un hombre no muy joven, pero tampoco muy viejo. Tenía un inmenso
poder, el poder de un Archimago, pero no parecía darle mayor importancia. La
magia para él era un juego de niños. Se había instalado y, de inmediato, el
insensato padre de Dashir había visto la oportunidad de medrar. Hizo todo lo
que el hombre deseaba. Cuando lo encontró violando a su mujer, ni siquiera se
inmutó. Cuando arrojó a la pobre mujer al foso de sus experimentos, el hombre
solo mostró una sonrisa enfermiza ante los gritos que resonaban. Era la misma
sonrisa absurda y bobalicona, dice el mago ratonil, que tenía en el rostro
cuando el Archimago lo arrojó a él.
Dashir siente fría rabia, y un ansia de venganza fuera
de toda regla, pero los refrena. Es un mago, y sabe mejor que hacer frente a
las cosas de forma abierta. Dispone de unos meses. Se despide del hombre
ratonil y se oculta. Esa misma noche, se pone en contacto con esas personas que
él sabe que le ayudarán.
Cinco semanas después, un sirviente encuentra al
Archimago en el fondo del pozo de sus experimentos, asesinado. Los monstruos
que había creado han quedado reducidos a cenizas, pero el rostro hinchado del
hombre es bien visible, y resulta repugnante. Para cuando se da la alarma,
Dashir ya ha huido lejos.
Los contactos lo son todo.
-Los magos de Sehji aprenden demasiadas cosas
inútiles.
Es algo que sabe ahora.
Su voz resuena en el vacío de su tienda, en un raro
momento de soledad. Es su santuario, muy distinto de lo que había imaginado
aquel niño de cinco años que quería salvar a su madre. Pero los planes pocas
veces salen como uno espera. Esa es una de las muchas cosas útiles que ha
aprendido en Kaer Thross, uno de esos lugares donde la magia no lo es todo,
donde el rango solo le importa a la guardia y donde los contactos, y los
amigos, se mueven por ambiciones muy distintas.
Tiene una casa, sí. Eso es importante. También tiene
comida en la mesa. Eso también es importante. No tiene un puesto de funcionario
en Sehji, y eso es probablemente lo mejor de todo. Tiene una pequeña tienda que
es su orgullo, donde vende pócimas, hierbas, libros y baratijas. Tiene una
dependiente que sabe magia, y que a veces le mira con ojitos de cordero
degollado y, ¡por todos los demonios! ¿Es que piensa que es ciego? Tiene una
mujer a la que puede llamar amiga, que se ríe de él y le mete en mil problemas,
pero que aparece cuando la necesita, aun cuando le saldría más rentable no
aparecer. Tiene unos clientes que le narran su vida sin venir a cuento, y un
proveedor que grita más que una verdulera.
Y tiene un ladrón enmascarado que se le está
intentando colar por la ventana.
-¿Pero que demo…?
Los dos se quedan mirando el uno al otro, y entonces
el ladrón se recupera, se quita el sombrero emplumado y hace una floritura con
él.
-Disculpadme- dice-. Me he equivocado de tienda.
-¡Eh! ¡Quieto ahí!- exclama una voz desde el exterior.
-Eh… ¡Me tengo que ir!
Y sale por el mismo sitio que ha entrado.
Dashir corre hacia la ventana abierta y se asoma, para
ver escapar al extraño ladrón, huyendo por los tejados al tiempo que un guardia
con una mata de pelo rubio ondeando tras él le persigue por la calle,
esquivando barriles mientras intenta mantener el ritmo. Por un momento, piensa
en ayudar al guardia, pero cuando el ladrón da un salto, realiza una voltereta
y aterriza en un lugar prácticamente imposible de alcanzar, y oye al otro joven
gritar un “¡deja de exhibirte de una vez!”, decide que es mejor disfrutar del
espectáculo.
Ha aprendido muchas cosas útiles en Kaer Thross,
piensa Dashir con una sonrisa, mientras escucha las voces del ladrón y el
guardia soltándose chanzas mutuamente al tiempo que se alejan, y ve a la gente
asomándose a las ventanas con expresiones de extrañeza en el rostro. Ha
aprendido que el mundo no es una estructura rígida. Ha aprendido lo que es la
verdadera amistad. Ha aprendido que la vida es demasiado caótica para
controlarla con las reglas de los Archimagos, demasiado vital para ser
cercenada por conjuras fraticidas, y demasiado hermosa como para pasarla
siguiendo unas pautas restrictivas. Y también ha aprendido que…
-Debería poner una guarda mágica además de ese maldito
cierre- dice, lanzando una mirada dolida a la ventana, como si esta le hubiera
traicionado.

