DISCLAIMER:
Rival Schools y Street Fighter no son míos, sino que pertenecen a Capcom. Esto
se hace sin ánimo de lucro y en un momento de aburrimiento soberano, así que,
por san Shiki bendito, no me denunciéis, que no gano tanto con mi curro como
para costearme siquiera un abogado.
Cuando la fiesta había empezado había sido a media
tarde, y Sakura había salido de allí un par de horas después, cuando el cielo
de invierno ya había oscurecido, y solo quedaba del sol el color rojo y
anaranjado del atardecer, siendo ahogado por el negro azulado de la noche.
Sakura caminaba lentamente, maldiciendo los zapatos de tacón. No estaba
acostumbrada a llevar ese calzado, y los zapatos eran bastante nuevos, así que
le dolían los pies, y temía que acabaría con rozaduras por encima del talón.
También hacía un viento helador, proveniente del norte, que se colaba por
debajo de la falda larga y la helaba hasta el tuétano. Sakura no veía la hora
de llegar a casa.
Las farolas estaban ya encendidas, y el rojizo del
oeste se convertía rápidamente en púrpura cuando Sakura llegó a un pequeño
parque junto al que pasaba todos los días. Las farolas estaban ya encendidas, y
la zona estaba bastante iluminada, pero en aquellos momentos aquel parque tenía
un aspecto muy diferente del que lucía bajo el sol. Parecía abandonado, triste
y encantado con algún tipo de maldición. Sakura recordó la enorme cantidad de
historias de fantasmas que circulaban sobre ese parque, y se sintió algo
intimidada. Se maldijo a sí misma por empezar a tenerle miedo a un parque en el
que había jugado desde que tenía uso de razón, y continuó hacia delante,
intentando ignorar el aspecto amenazador de la zona.
Sin previo aviso, una figura salió de entre las
sombras del parque, justo delante de la acera. Era alto, más alto que ella, una
cabeza más alto, algo más tal vez. Era de hombros amplios. Tenía el pelo largo
sujeto en una coleta. En aquella luz era casi imposible distinguir sus rasgos o
cualquier característica reconocible. Sakura dio un respingo y saltó hacia
atrás, poniéndose de manera inmediata en una guardia igual a la que tantas
veces había visto hacer a su ídolo, Hoshi Ryu. Un fantasma. Aquello era un
fantasma. Tenía que haber creído todas esas historias sobre el parque. Sin
embargo, el “fantasma” dio un paso y entró en el halo de luz de la farola, y
Sakura reconoció el cabello blanco, el uniforme rojo y los rasgos firmes de
Imawano Hyo. Respiró aliviada. Dentro de todas las cosas malas que le podían
suceder a uno, encontrarse con Hyo no era de las peores, desde el punto de
vista de Sakura. ¿Qué podía ser peor que aquella mala bestia de Gouki dispuesto
a convertirte en filetes para katsu-don, a fin de cuentas?
-¡Imawano! ¡Casi me quitas diez años del susto!- se
quejó ella.
Él ni se inmutó. “Este tío debe estar en plena forma
con este tiempo, es un cubito de hielo andante,” pensó Sakura.
-Que seas de los malos no implica que tengas que ir
asustando a pobres transeúntes indefensos- le regañó-. ¿Qué van a pensar de ti?
¡Al menos, sé un malo con categoría! ¿No crees?
Esto sí consiguió una reacción. Un simple arqueo de
ceja.
-Lo que yo haga no es de tu incumbencia- repuso él,
con una voz monótona.
-Lo que tú digas, chaval. Bueno, si me disculpas, yo
me voy. Los zapatos estos me están matando y estoy congelada, así que me largo
a casa. Que pases una feliz Navidad, y deja de asustar a la peña.
Y con esto, la muchacha pasó al lado de Hyo como si
con ella no fuera la cosa y siguió su camino hacia su casa.
Cuando hubo recorrido veinte metros, más o menos, se
detuvo, se volvió, y miró con el ceño fruncido a Hyo, que estaba a seis o siete
pasos de ella.
-¿Se puede saber por qué me estas siguiendo?- le
espetó. Una cosa era que la asustara sin querer, pues resultaba obvio que Hyo
no estaba esperando asaltar a nadie. Pero otra cosa muy distinta era tenerle
pegado a sus talones-. Si quieres pelea, tendrás que esperarte hasta mañana.
-No te estoy siguiendo- fue la escueta respuesta de la
voz de tenor de Hyo.
-Ya, claro. ¿Y entonces qué haces yendo por mi mismo
camino justo detrás de mí, eh?
-Voy a casa.
-¡Venga ya! Eso no...- Sakura se detuvo por un
segundo, mientras en su mente rememoraba el mapa de la zona. Sabía que si iba
en dirección contraria a la que seguía yendo hacia su instituto, el de Hyo, el
Justice, estaba un poco más lejos. De hecho, si el Justice hubiera sido un
instituto normal y no el grupo elitista que era, Sakura podría haberlo tenido
como opción por la situación geográfica. En cualquier caso, sabía que entre su
zona de casas unifamiliares y el instituto de Hyo había unas casas más
antiguas, y mucho más grandes-. No vivirás en las casas esas de la colina,
¿verdad?
Durante un momento, Hyo pareció pensar en la
conveniencia de darle aquella información a Sakura, y finalmente contestó:
-Aa.
-¡No me fastidies!- si tenía en cuenta esa
información, Hyo iría detrás de ella todo el camino casi hasta su casa. Aquello
era una molestia. Solo de pensar que lo tenía a su espalda la ponía de los
nervios y la hacía desear darle una paliza para liberar todas sus
frustraciones. Pero hacía demasiado frío, el calzado no era apropiado para
patear traseros, y lo cierto y verdad es que ella estaba harta.
-Muy bien, pues ya que te tengo que soportar todo el
camino- repuso ella-, caminemos juntos. Así no tendré que estar preocupándome
de si me vas a dar una torta por la espalda o no.
Por un momento pareció que Hyo mostraba una ligera
expresión de fastidio, pero esta fue rápidamente reprimida, y el rostro del
muchacho volvió a su habitual falta de emoción alguna. Simplemente, comenzó de
nuevo a andar y, cuando llegó a la altura de Sakura, esta se puso a andar a su
lado. La muchacha había pensado que enseguida Hyo la sacaría ventaja, con
aquellas piernas que parecían zancos en comparación a las suyas, pero el paso
de este era tan pausado y tranquilo que Sakura no tenía problema alguno en
mantenerse a su nivel. Sakura se quedó algo sorprendida, aunque si bien lo
pensaba, Hyo no había parecido tener prisa en ningún momento. Se encogió de
hombros, tampoco es que importara demasiado. Solo tenía que ignorarle, aunque
con los sentidos alerta por si le daba la vena, o se volvía loco, o cualquier
cosa de esas que les pasaban a los malos de las series de anime. Como esa nueva
que estaba viendo Kei. Sakura había visto un capítulo a instancias de su amiga,
pero no le había gustado demasiado. Aunque, ahora que lo pensaba seriamente,
uno de los malos tenia la misma voz que Hyo. Se volvió hacia él.
-Oye, tú no serás doblador de dibujos animados, ¿verdad?
Hyo frunció el ceño en una expresión equivalente a un
“Tú te has fumado algo hoy, ¿no?” de Batsu. Sakura intentó por todos los medios
no reírse a carcajada limpia. El intento fue un éxito a medias, porque la risa
se le escapó entre los dientes.
-Me lo tomaré como un “no”.
-Tus procesos mentales son extraños.
-Es la forma más educada de decirme que soy rara que
alguien ha mencionado jamás. Te mereces un premio, empiezas a ganar puntos como
malo.
El sonido que escapó de la boca de Hyo fue una mezcla
de bufido y gruñido. Sakura volvió a reírse entre dientes. ¡Era más divertido
que meterse con Kanzuki!
Tal vez la razón de que fuera tan divertido era
porque, como cubito de hielo andante que era Hyo, resultaba más difícil de
mosquear, aunque Sakura parecía ser capaz de lograrlo. ¡Qué distinto era de su
hermano! Cuando Hinata le había explicado que Kyosuke, el amable, apacible y
amanerado Kyo-kun, era en realidad el hermano de “Mister Pedacito de Hielo”
Imawano, Sakura no se lo había acabado de creer. Pero la confirmación del
interesado, es decir, Kyosuke, había sido prueba suficiente. Aunque a Sakura
les costaba relacionarlos, sobre todo teniendo en cuenta que en el asunto del
otoño pasado, ambos habían estado en bandos contrarios. Para que se fiara una
de los lazos familiares.
El otoño pasado... Antes de aquello, las relaciones
extraescolares de Sakura se reducían a su rival, Kanzuki Karin. Que por cierto,
no eran muy buenas. Pero aquel otoño había estado el incidente aquel. Varias
personas habían sido secuestradas, y alumnos de distintos institutos habían
sido atacados. Sakura se había visto envuelta en un enfrentamiento con Batsu y
Hinata casi al principio, cuando nadie tenía claro qué o quién estaba causando
aquello. Tras aclarar las cosas con la pareja de estudiantes, y conocer al
tercero en liza, Kyosuke, Sakura decidió ayudarles, previendo que aquello iba a
resultar más entretenido y gratificante que su excursión aquellas vacaciones de
verano. Así había conocido a Natsu y sus compañeros Roberto y Sohma. Y a Akira,
y después del follón que se había armado al hermano de ésta, Daigo, y a sus
amigos. Y a muchos más. Al principio no todo había ido precisamente bien, pues
casi todos los involucrados tenían razones más o menos personales en aquel
asunto, pero al final, cuando las cosas se fueron aclarando, y las pistas
empezaron a apuntar a un mismo sitio, todos llegaron a un mutuo acuerdo y a una
tregua para lanzarse de cabeza a por los causantes de aquel asunto: los
miembros del instituto Justice.
Sakura había sido de las primeras en llegar a la zona,
y había acabado enzarzada en un combate contra Hyo, quien ahora caminaba a su
lado. Cuando la cosa parecía ponerse interesante, Batsu y Hinata habían hecho
acto de aparición, y Sakura les había cedido el puesto, a sabiendas de que,
mientras que ella no tenía verdaderas razones para meterse en aquel berenjenal
salvo el divertirse un rato y ayudar a sus nuevos amigos, Batsu sí tenía
cuestiones personales que resolver en aquel sitio. Todo había acabado bien, por
suerte, y los miembros del Justice habían pedido perdón de manera pública. Y
aquí paz y después gloria, que se suele decir.
Sakura aún tenía pendiente acabar aquel combate con
Hyo. No porque estuviera enconada contra él, pues a fin de cuentas y a la
larga, también había sido un instrumento más de los deseos estúpidos de la
gente de su instituto, sino porque pensaba que era un rival digno, alguien de
quien podría aprender cosas. Desde su encuentro con su ídolo, había pensado
mucho sobre las palabras de este. Aunque encontraba diversión en la pelea, en
meterse en follones y todo aquello, Sakura se había dado cuenta, gracias a
Batsu, Hinata, Kyosuke y los demás, que muchas veces la lucha iba más allá de
la simple diversión. Que tras el deseo de luchar había una necesidad aún más
grande que debía ser cubierta por ese deseo. Ella también tenía mucho que
aprender. Pensaba que enfrentarse en algún momento dado a Hyo le ayudaría a
comprender mejor aquello en lo que se había metido por pura diversión.
Cuando alcanzaron un cruce, no muy lejos ya de su
casa, un viento helado y cortante hizo que Sakura temblara de frío. ¡Cómo
odiaba aquel vestido! Era imposible que se mantuviera en calor con aquel pedazo
de tela fina. Hyo, en cambio, ni se estremeció.
“Le odio.”
-Tengo una pregunta que hacerte- dijo de pronto Hyo.
-¿Eh?- Sakura le miró con los ojos como platos.
¡Imawano Hyo había hablado sin que nadie le hubiera preguntado o dicho nada
antes! ¡Era un milagro!-. ¿Qué quieres saber?
-¿Por qué?
-¿Por qué qué?
Silencio.
-Vamos, Imawano, con esa poca información no voy a
poder responderte en la vida. ¿Por qué qué?- repitió Sakura.
Hyo se removió incómodo, pero su expresión no cambió a
pesar de ello.
-¿Por qué no te importa que esté cerca?
Sakura parpadeó.
-¿Es que no hay nadie a quien no le importe que
camines a su lado?- interrogó ella.
-Kyosuke.
-¿Solo? ¿Ni Batsu ni Hinata?
Hyo se encogió de hombros.
-Ni yo estoy tranquilo con ellos, ni ellos lo están
conmigo.
-Bueno, supongo que es difícil hacerse a la idea...-
musitó Sakura.
-¿Respoderás a mi pregunta?
-¿Oh? ¡Oh! Sí, perdona. Bueno, en realidad desconfío
un poco, no es fácil considerar a alguien a quien tenías por un enemigo como un
aliado. Es obvio que Kyo-kun, siendo tu hermano, no tiene esas dificultades,
pero nosotros no te conocemos demasiado bien, así que... Pero en mi caso pienso
que en realidad no eres un mal tipo, aunque seas de los malos- Sakura se rió-.
Además, he conocido a gente que es mil veces peor que tú cuando lo de los
secuestros estaba en pleno apogeo.
Hyo arqueó una ceja. Sakura sonrió.
-El verano pasado fui a buscar a una persona, y
digamos que fue toda una experiencia- contestó a la pregunta tácita del chico-.
De ese viaje comprendí que había muchas cosas que daba por sentado y que no
eran así. Tengo un largo camino por delante, y no va a ser fácil. Todo antes
era blanco y negro, bueno o malo. Pero ahora he visto cosas, y lo de este otoño
pasado me ha enseñado que entre el blanco y el negro hay una infinita gama de
grises. Supongo que tarde o temprano nosotros dos tendremos otro combate, pero
estamos en Navidad, y creo que los dos queremos tener la fiesta en paz, así que
no debería haber problema, ¿no?
La chica levantó la vista al cielo, frío y despejado,
con solo unas pocas estrellas desafiando la luz de la ciudad en el comienzo de
la noche.
-A veces me pregunto si el cielo que él ve es el mismo
que yo estoy mirando. Me pregunto si verá solo unas pocas estrellas, o si el
cielo está plagado de ellas. Me dijo que todavía estaba aprendiendo. Me
pregunto cuanto me queda por aprender a mí...
Hubo una pausa silenciosa.
-¿Él?- preguntó Hyo. Sakura creyó adivinar un tono de
curiosidad en la voz casi siempre monótona de Hyo.
Ella sonrió.
-Se podría decir que es mi maestro... Bueno, no del
todo pero casi.
Hyo arqueó una ceja en un gesto de desconcierto. No
había forma humana de entender a esta chica. Sakura se rió una vez más.
-Maa, Hyo-san, no estarás celoso, ¿verdad? Pero
no te preocupes, porque Ryu-san es de los buenos, así que sigues siendo mi malo
favorito, por ahora.
El rostro horrorizado de Hyo fue lo más expresivo que
había llegado a verle con diferencia. Sakura habría deseado tener su cámara de
fotos en aquel momento. ¡Mucha gente habría pagado por ver aquello, de eso
estaba segura!
-¿Pero que dices, niña?- interrogó.
Ella se rió a mandíbula batiente, mientras se separaba
y se metía por la bocacalle que llevaría a su casa, en el cruce en el que los
dos tenían que separarse ya. Intentaba poner tierra de por medio, no fuera a
ser que llevara la cosa al extremo y Hyo decidiera pedir sangre por el agravio
sufrido.
-¡Eres más divertido que Kanzuki, eso te lo admito!-
le dijo, mientras empezaba a volverse-. ¡Es difícil enfadarte, pero resulta de
lo más entretenido! ¡La próxima vez tenemos que brearnos, acuérdate! ¡Asegúrate
de que no sea un día de fiesta!
Y allá se fue Sakura, el dolor de pies olvidado, dando
ligeros saltitos camino de vuelta a su casa. Imawano Hyo la miró como quien
mira a un duende que acaba de gastarle una broma. Luego recuperó su porte frío
y distante, y se giró para seguir su camino. Pero se detuvo un momento y miró
el cielo sobre su cabeza.
-Aprender...- susurró-. Temo que yo también tengo
mucho por aprender.
Y avanzó por las calles, en dirección a la residencia
Imawano.
Y se hizo el silencio.
Katsu-don:
arroz con cerdo fileteado. ¡Es mi plato japonés favorito!
Aa:
Sí
NOTAS
DE LA AUTORA: Ya dije que no iba a ser lo que algunos se pensaban. No veo a Hyo
y a Sakura de pareja, sobre todo teniendo en cuenta que soy pro Ryu x Sakura,
lo que me impide verla con Hyo. Eso sin contar que Mister Pedacito de Hielo
Imawano (XD) apenas considera a Sakura. Es decir, que es más una relación de
conocidos que no se acaban de llevar del todo bien. Aunque no niego que tal vez
habría resultado atractiva de no ser porque la verdadera “vida” de Sakura es en
los Street Fighter.
Hyo
no me cuadra demasiado en un cuento de Navidad. A menos, no como protagonista.
No sabía como hacer que ese par se encontrara sin liarse a tortas nada más
verse. Así que tuve que quitarle las ganas a Sakura. ¡Nada mejor que unos
zapatos de vestir apenas estrenados! Te aprietan, te rozan, te machacan los
pies, y por poco tacón que tengan resultan poco cómodos en una pelea. Excepto
la última parte, lo sé por experiencia propia.

